Observaciones en medio del ruido

Las máscaras tienen mala fama.

Cuando alguien dice que una persona “usa una máscara”, normalmente quiere decir que está fingiendo. Que no es auténtica. Que oculta quién es realmente.

Pero mientras más observo a las personas, menos creo que las cosas funcionen así.

Todos usamos máscaras.

No porque seamos falsos, sino porque vivir implica adaptarse constantemente. Hay máscaras para trabajar, para protegerse, para convivir, para sobrevivir ciertas etapas. Algunas aparecen por miedo. Otras por inseguridad. Otras simplemente porque todavía estamos intentando entender quiénes somos.

La identidad no es algo estático.

Uno cambia con el tiempo. Cambia después de perder algo, después de fracasar, después de enamorarse, después de decepcionarse, después de darse cuenta de que llevaba años intentando encajar en lugares donde nunca se sintió realmente cómodo.

A veces pensamos que el problema es tener miedo. Pero el miedo no siempre es el enemigo. Muchas veces solo está intentando proteger algo.

El verdadero problema empieza cuando el miedo toma demasiadas decisiones por nosotros.

Porque entonces aparecen máscaras que ya no protegen. Aprisionan.

La máscara del que siempre tiene que verse fuerte.
La del que nunca puede decepcionar a nadie.
La del que vive ocupado para no pensar.
La del que se burla de todo para evitar hablar en serio.
La del que deja pasar años enteros diciendo “después”.

Y lo más extraño es que uno puede acostumbrarse tanto a ellas que termina confundiéndolas con su personalidad.

Por eso crecer a veces se siente tan incómodo.

Porque llega un momento donde empiezas a preguntarte si ciertas cosas realmente las elegiste tú… o si solo aprendiste a sobrevivir de esa manera.

La vida es demasiado corta para vivirla completamente dominado por el miedo. El problema es que muchas veces ni siquiera nos damos cuenta de cuánto espacio ocupa. Se mete en decisiones pequeñas. En conversaciones que evitamos. En proyectos que nunca empezamos. En relaciones que prolongamos por costumbre. En versiones de nosotros mismos que ya no queremos seguir cargando.

Y aun así, todos seguimos buscando algo parecido:
sentirnos tranquilos,
sentirnos libres,
sentir que podemos ser nosotros sin estar actuando todo el tiempo.

Tal vez por eso las personas conectan tanto con personajes, alter egos y máscaras. Porque a veces necesitamos crear cierta distancia para atrevernos a decir cosas que normalmente callaríamos. A veces una máscara no es una forma de esconderse. Es una forma de dejar de tener tanto miedo.

Supongo que al final todos estamos construyéndonos sobre la marcha.

Probando versiones.
Soltando algunas.
Descubriendo cuáles nos liberan y cuáles nos están asfixiando.

Y quizá la pregunta importante no sea quién eres realmente.

Quizá la pregunta es:

¿Qué partes de ti llevas demasiado tiempo ocultando por miedo?

Deja un comentario